La riqueza de los libros, 2
Cuando se habla de libros es bueno hacer una distinción entre la creación intelectual, llamémosle "la obra", y el objeto material, llamémosle "el libro". Y
ahora que existen tantos soportes de información "inubiquitous", digitales, ceros y unos en algún recóndito pedacito de memoria en algún servidor del mundo, la vida de las obras y la de los libros se va independizando cada vez más. Una obra en un libro, en un e-book o en un relato de un anciano (formato aún común en algunas regiones donde la pobreza y el analfabetismo hacen imposible a los otros) tienen, cada uno, sus características propias, algunas ventajosas y otras no.
He tenido muchas oportunidades de reflexionar sobre los libros. Como vehículos de obras, se les profesa una veneración que no les corresponde como libros: le corresponde a las obras. Y las obras ganan sentido mediante el ejercicio de la lectura. Entran así al mundo del lector en pleno derecho, y si no se leyó el libro (no se merece por tanto el título de lector), la obra no tiene sentido y el libro, tampoco. No quiero decir con esto que desprecie las obras que no leí: simplemente mantengo a raya esa admiración fácil de la no-lectura, de la opinión de segunda mano, de la bandera de mi ignorancia.

Desde esta óptica son muy interesantes las bibliotecas personales. Paul Ricoeur ha reflexionado sobre la lectura y concluye que se dan tres procesos sucesivos (llamados mímesis i, ii y iii) en los que finalmente la obra es lo que el lector entiende de ella. Evidentemente, teniendo en cuenta la mímesis iii, hay que ser muy arriesgado para establecer una relación directa entre determinados libros, lo que uno entendió de ellos si los leyó, y lo que uno cree que otros lectores entendieron de ellos.
Sin embargo, tomando otra imagen de Ricoeur, me siento un "cazador furtivo" en un coto de caza real cuando miro bibliotecas ajenas. Ahí no sólo veo parte de lo que su dueño leyó, sino también lo que quiso leer y lo que otros quisieron que leyera, aunque es muy difícil distinguir los unos de los otros y uno termina tratando de descubrir al "odd man out".
No me deja indiferente, entonces, cuando tengo en mis manos uno de esos libros y pienso que estuvo en las manos de otra persona que conozco o conocí, que la acompañó, que la inspiró quizás. Ver las anotaciones de puño y letra también dice mucho del lector propietario del libro: hay quienes escriben en tinta, refutando al autor (que en sí mismo ya no es más que palabras impresas, de modo que no puede defenderse), hay quienes escriben a lápiz ininteligiblemente, como murmurando para sus adentros, y hay quienes escriben anotaciones en otros papeles, que a veces guardan dentro
de los libros y a veces no. Hay quienes pasan de página furiosamente o humedeciéndose el índice: en ésos las esquinas están debilitadas. Hay quienes fuerzan la encuadernación lo más posible para leer bien la página: ésos tienen el lomo quebrado y el filo superior se ensancha al acercarse a la encuadernación. Hay quienes manipulan todos los libros con cautela y delicadeza, como si cada ejemplar simplón fuera un incunable: esos suelen trabajar en librerías y son expertos en leer libros y dejarlos como si fueran vírgenes.
Sin embargo, los lectores pasan y los libros quedan. Es verdad, también los libros mueren: se estropean, se roban, se pierden... La muerte de una persona se me hace verdaderamente patente cuando veo sus libros, cuando su biblioteca queda huérfana por haber perdido a quien le dio su significado. Por eso es importante deshacerse de los libros de una persona poco después de su muerte, porque el desmantelamiento y pérdida de una biblioteca personal es una segunda muerte y un segundo duelo.
En serio.
Fotografías de Abelardo Morell

He tenido muchas oportunidades de reflexionar sobre los libros. Como vehículos de obras, se les profesa una veneración que no les corresponde como libros: le corresponde a las obras. Y las obras ganan sentido mediante el ejercicio de la lectura. Entran así al mundo del lector en pleno derecho, y si no se leyó el libro (no se merece por tanto el título de lector), la obra no tiene sentido y el libro, tampoco. No quiero decir con esto que desprecie las obras que no leí: simplemente mantengo a raya esa admiración fácil de la no-lectura, de la opinión de segunda mano, de la bandera de mi ignorancia.

Desde esta óptica son muy interesantes las bibliotecas personales. Paul Ricoeur ha reflexionado sobre la lectura y concluye que se dan tres procesos sucesivos (llamados mímesis i, ii y iii) en los que finalmente la obra es lo que el lector entiende de ella. Evidentemente, teniendo en cuenta la mímesis iii, hay que ser muy arriesgado para establecer una relación directa entre determinados libros, lo que uno entendió de ellos si los leyó, y lo que uno cree que otros lectores entendieron de ellos.
Sin embargo, tomando otra imagen de Ricoeur, me siento un "cazador furtivo" en un coto de caza real cuando miro bibliotecas ajenas. Ahí no sólo veo parte de lo que su dueño leyó, sino también lo que quiso leer y lo que otros quisieron que leyera, aunque es muy difícil distinguir los unos de los otros y uno termina tratando de descubrir al "odd man out".
No me deja indiferente, entonces, cuando tengo en mis manos uno de esos libros y pienso que estuvo en las manos de otra persona que conozco o conocí, que la acompañó, que la inspiró quizás. Ver las anotaciones de puño y letra también dice mucho del lector propietario del libro: hay quienes escriben en tinta, refutando al autor (que en sí mismo ya no es más que palabras impresas, de modo que no puede defenderse), hay quienes escriben a lápiz ininteligiblemente, como murmurando para sus adentros, y hay quienes escriben anotaciones en otros papeles, que a veces guardan dentro

Sin embargo, los lectores pasan y los libros quedan. Es verdad, también los libros mueren: se estropean, se roban, se pierden... La muerte de una persona se me hace verdaderamente patente cuando veo sus libros, cuando su biblioteca queda huérfana por haber perdido a quien le dio su significado. Por eso es importante deshacerse de los libros de una persona poco después de su muerte, porque el desmantelamiento y pérdida de una biblioteca personal es una segunda muerte y un segundo duelo.
En serio.
Fotografías de Abelardo Morell
Etiquetas: la riqueza de los libros, leer y escribir, libros y bibliotecas, pasado montevideano
18 dijeron:
Qué cosa, me llevó 6 años escribir ésto... pero ya salió. Menos mal, ya era hora.
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montevideana, a las 2:39 p. m.
Sinceramente me encanto tu reflexión sobre la riqueza de los libros, el cuidado que algunos tenemos con ellos y como veneramos sus contenidos. Como si en cada uno existiera (y de hecho existe) una parte de la verdad del mundo, de nosotros mismos y de todas nuestras viviencias; esas mismas que tal vez otros autores pudieron expresar con mejor gracia o espontaneidad que nosotros mismos.
Muchas gracias por tu reflexión.
Gustavo
Libros de Luz
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Anónimo, a las 4:00 p. m.
¡Es parte de tu tesis! Creo que lo adiviné mientras lo leía. Es demasiado inteligente como para ser producto de una inspiración de media hora.
Si adiviné, ¡Te re-re-felicito!
Se merece otro comentario que vendrá después.
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Anónimo, a las 6:03 p. m.
Gustavo, bienvenido y muchas gracias. Visité el sitio del link y me parece muy interesante.
Ana C., es casi casi casi mi tesis, pero queda afuera. Mi tesis tiene que ver con un caso muy concreto que no es exactamente ni un libro, una biblioteca personal o la lectura, pero de algún modo toca a los tres.
Pero es cierto que no es una reflexión de una hora, sino de varios años de observar la extraña, variada e inatendida relación de las personas con los libros. No con la información, la lectura o el conocimiento y la literatura; sino con los libros.
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montevideana, a las 6:25 p. m.
se puede hacer una crítica salvaje pero fudamentada (bue fundamentada... links a pseudoarticulos casipseudocientificos de clarin sobre la web la blogo etc, y agregando material de alguna pseudociencia como la pnl)??????
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Anónimo, a las 10:53 a. m.
Troll: ¿crítica salvaje? ¿fundamentada? ¿clarin? ¿programación neurolingüística?
¿perdón?
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montevideana, a las 2:08 p. m.
hacer una diseccion de su texto y criticarlo a mas no poder.
por supuesto todo desde mi blog, no quiero vandalizar un precioso lugar como su casa virtual.
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Anónimo, a las 2:37 p. m.
Oh! Ah! Bueno, gracias. Pasaré a ver la disección en cuanto esté lista, y la linkeo desde acá.
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montevideana, a las 8:47 a. m.
Muy ilustrativo el link de su primera intervención.
Le agradezco que "vandalice" tan mesuradamente en mi casa virtual.
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montevideana, a las 8:53 a. m.
No termino de decidirme acerca de si soy culpable de esa veneración del libro objeto; aunque estoy seguro de que la actividad de leer (posar la vista sobre las palabras impresas, procesarlas, crear una imagen mental de la situación relatada) es un valor en sí misma.
Es imposible leer una obra literaria de una pantalla -a menos que sea muy breve-, y temo que escucharla en un relato sea un proceso esencialmente distinto, por lo que los libros resultarían inevitables.
Por otro lado, se puede pensar que una obra debe contar necesariamente con unos lectores con la capacidad de decodificar lo que el autor quiso expresar en ella: el sentido de la obra se completa con el lector apropiado (algo de eso decía Borges, con falsa modestia.)
Saludos.
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Sr. Nadie, a las 4:24 p. m.
Señor K.: Yo hubiera pensado que estas no son más que patrañas si no hubiera adquirido el hábito de leer desde la pantalla. Es más, prácticamente ya no leo desde el papel, porque la pantalla me resulta mucho más cómoda para la posición del cuello y la cabeza... ¿qué loco, no?
Pero yo también soy un poco "culpable" de la veneración. Pasa que me resulta mucho más fácil decir "guardo este libro porque era de mi abuela, o porque las tapas son duritas y puedo apoyar cosas sobre él", que decir "aaaahhh, es un libro y hay que guardarlo.
Gracias por pasar por aquí.
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montevideana, a las 6:46 p. m.
Me gustó el final.
Me causa enorme placer llegar a la casa de alguien que estoy conociendo y revolver su biblioteca,así como me causa enorme desconfianza darme cuenta que no tiene.
En mi caso , nada se compara con el moroso placer que se obtiene de la lectura y de acariciar las hojas de un libro mientras tanto.
Y si es viejo y está encuadernado en rústica ( o encuadernación francesa) mejor.
Además , ya que no sonido, tienen olor.
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El Canilla, a las 11:29 a. m.
Canilla, gracias. Hace poco estuve aprendiendo sobre encuadernaciones, tipos de papel, tipos de impresión y etc., y la verdad es que es un mundo fascinante. Mi predilección es por observar esas pequeñas ilustraciones -fleurs-de-lis, granadas, etc.- que se hacían en dorado a la hoja, entre las nervaduras de los lomos de cuero, (estoy pensando cómo se pueden "coleccionar" sin mutilar o robar el ejemplar... sacaría fotos, pero tengo un pulso parkinsoniano).
Me encantó su observación sobre el olor... usted debe ser muy gourmet, ¿me equivoco?
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montevideana, a las 2:20 p. m.
Jajaja! Y hay otros que escriben en blogs para luego encontrar sus post en otros blogs... me plagiaron!! Y aun estoy de lo mas perpleja. Me gustó tu post, y el anterior... yo suelo encontrar dinero en bolsillos de chaquetas y cosas así, y tambien tengo cientos de escondrijos que luego olvido. Que cosas, no?
Saludos!
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Angel y Demonio, a las 4:42 p. m.
Angel, guardar cosas en lugares es como tratar de recordar y de olvidar algunas cosas... digo, un libro que no leés o el bolsillo de un abrigo que no usás son como cosas en las que no pensás, actitudes que no tenés aunque quizás sí te gustaría tener... no sé si me explico.
Me alegro que tu plagiador cerrar su blog. Bien ahí!
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montevideana, a las 11:44 a. m.
adjunto links (bibliografía) del ARTiculo con el que he de destruir su raquítica y gelida disquetesis, el primer párrafo para ser preciso.. el hacha la estamos guardando para...
http://www.youtube.com/profile?user=geriatric1927
http://www.youtube.com/watch?v=SbgncQH-Te8
http://en.wikipedia.org/wiki/Geriatric1927
http://img116.imageshack.us/img116/4876/viejitopioladeyoutubeennt6.jpg
http://ejerciciosverbales.blogspot.com/2006/07/textos_28.html
http://www.imageandart.com/tutoriales/tipografia/familias_tipograficas_2.htm
http://www.imageandart.com/tutoriales/tipografia/familias_estilisticas/index.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Dise%C3%B1o_gr%C3%A1fico
me excuso por los días de indiferencia, mis delirios megalomanos y mis proyectos maquiavelicos urgidos por las recientes fluctuaciones de la economía mundial.. me han hecho olvidar mis obligaciones como vandalo, sirva este mensaje como pedido de disculpas y promesa de un ataque no tan lejano en el tiempo...
_________________atentamente Troll
By
Anónimo, a las 8:30 p. m.
Me demoré un poco...
¿en serio lee de la pantalla? ¿y cómo le queda la vista?
Yo leo casi con exclusividad en la cama, y no tengo una pc portátil, asi que se me complicaría, de todas maneras.
Y pensándolo mejor, me declaro inocente: mis libros son las ediciones más baratas -y en lo posible usadas- que he podido conseguir.
Saludos.
By
Sr. Nadie, a las 11:19 p. m.
Troll: totalmente disculpado.
Señor K.: Sí, actualmente leo prácticamente todo de monitor, pero ayuda que hace muchos años que no leo en la cama. Mi marido tiene un portatil y a veces se lo trae a la cama, creo que es una manera interesante de leer comics de noche (porque se puede ampliar o disminuir la imagen). Y no le creo que sea inocente por tener ediciones rústicas y de bolsillo: fetichistas hay para todos los gustos!
By
montevideana, a las 5:49 p. m.
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